Un movimiento telúrico con epicentro en Guerrero obligó a evacuar edificios públicos y activó revisiones preventivas en la capital del país.

La mañana avanzaba con normalidad. De pronto, la alerta sonó. El sismo, de magnitud 6.5, tuvo su epicentro en San Marcos, Guerrero, México, una zona costera clave del sur del país acostumbrada a la actividad sísmica, pero no por ello inmune al sobresalto colectivo.

En la Ciudad de México, capital del país y corazón administrativo nacional, edificios públicos activaron protocolos. Palacio Nacional fue desalojado. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo interrumpió actividades junto a periodistas y personal federal. La escena fue sobria. Sin pánico. Con urgencia.

Autoridades locales informaron saldo preliminar sin afectaciones estructurales graves. Sin embargo, se reportaron incidentes menores. En la colonia Álamos, alcaldía Benito Juárez, un hombre de 60 años falleció tras caer por las escaleras durante la evacuación, un hecho que añadió un tono de consternación a la jornada.

La Coordinación Nacional de Protección Civil mantuvo monitoreo constante. El Servicio Sismológico Nacional confirmó más de 150 réplicas en las horas siguientes. Algunas se sintieron. Otras no. La vigilancia continúa.

Este medio recopiló opiniones de especialistas en gestión de riesgos. Un sismólogo consultado advirtió en

“La secuencia de réplicas es normal, pero la prevención no debe relajarse”
. Un analista urbano subrayó que la respuesta institucional fue rápida, aunque insistió en reforzar la cultura de autoprotección.

También hablamos con la gente. En calles del Centro Histórico, vecinos compartieron sensaciones encontradas. “Nos asustamos, pero salimos ordenados”, dijo una comerciante. Un trabajador del transporte señaló: “Lo que preocupa es que muchos bajan corriendo”.

En Guerrero, carreteras como la Cuernavaca-Acapulco presentaron deslaves parciales. Brigadas estatales realizan evaluaciones. El tránsito avanza con cautela. La prioridad es clara: evitar riesgos secundarios.

México es un país sísmico. Lo sabe su gente. Cada evento reactiva memorias y preguntas. Esta vez, la respuesta dejó una lección vigente: la calma salva, la información orienta y la prevención sigue siendo tarea diaria.