Daniel Pérez Rojas, pieza clave en la formación del brazo armado que transformó la violencia en México, acepta cargos federales por tráfico de drogas a gran escala en territorio estadounidense.

En un procedimiento que marca un hito en la lucha contra las estructuras históricas del narcotráfico, Daniel Pérez Rojas, mejor conocido en el mundo del hampa como “El Cachetes”, se ha declarado culpable ante una corte federal de los Estados Unidos. El cargo principal admitido por el imputado es el de conspiración para traficar cantidades industriales de cocaína y marihuana, cerrando así un capítulo judicial para uno de los fundadores de la primera generación de Los Zetas.

Pérez Rojas no representa una captura común dentro del panorama delictivo. Su historial revela una transición sombría: de ser un elemento de élite en el Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE) a desertar para inyectar tácticas de guerra en el crimen organizado. Desde el año 2001, este individuo se consolidó como una figura estratégica, colaborando estrechamente en la organización que posteriormente lideraría Heriberto Lazcano, alias “Z-3”.

De acuerdo con el análisis de los expedientes judiciales a los que se tuvo acceso, la labor de "El Cachetes" trascendía la simple vigilancia; era el responsable directo de supervisar rutas críticas y ejecutar operaciones logísticas de alta complejidad. Su influencia no se detuvo en las fronteras mexicanas, extendiéndose hasta Guatemala en el año 2008.

“En territorio guatemalteco, coordinó el soborno de funcionarios públicos y ordenó ejecuciones selectivas con el único fin de blindar el tránsito de estupefacientes hacia el norte del continente”, mencionan las investigaciones.

Esta expansión en Centroamérica bajo su mando estableció el modelo de control territorial que caracterizó a Los Zetas: una lógica de ocupación militar aplicada a la delincuencia. Tras su aceptación de culpabilidad, las autoridades consideran los siguientes puntos clave de su historial criminal:

  • Formación táctica avanzada y deserción de fuerzas especiales.
  • Establecimiento de rutas de suministro en la frontera sur de México.
  • Implementación de sistemas de corrupción institucional en el extranjero.
  • Participación directa en la transición de brazo armado a cartel autónomo.

La comunidad internacional observa este caso con detenimiento, pues la caída de Pérez Rojas reabre el debate sobre cómo un grupo diseñado para la protección del Estado terminó convirtiéndose en la estructura más violenta de su época. Expertos en seguridad señalan que este modelo de militarización criminal, hoy replicado por múltiples organizaciones en Latinoamérica, tuvo en personajes como Pérez Rojas a sus principales arquitectos.

Con esta declaración, el sistema de justicia estadounidense asegura la reclusión de uno de los últimos testigos vivos del nacimiento de la era más cruda del narcotráfico moderno, enviando un mensaje de continuidad en la persecución de los remanentes de las viejas guardias criminales.